Fin de dos modelos: el benefactor europeo y el consumista de EE.UU.

 

A tres años de la caída de Lehman Brothers, las turbulencias políticas y financieras están acrecentando los temores sobre el futuro de la economía mundial. 

La crisis de la eurozona ha vuelto a dar un nuevo giro dramático con el anuncio del Gobierno griego de que no podrá cumplir con las metas acordadas con la Unión Europea. Ante esta situación, la pregunta es: ¿alguien esperaba algo diferente? La sorpresa hubiese sido que las cumpla.

La insolvencia de Grecia es evidente y los líderes europeos, que tienen el compromiso de preservar el euro, no han sido capaces de delinear una solución duradera que permita encapsular el problema griego. Sucede que el diseño institucional de Europa no les permite estructurar una solución de fondo a las reiteradas crisis que viene enfrentando. 


De esta manera, los sucesivos parches ensayados desde 2008 sólo han conseguido dilatar el ataque al corazón de la eurozona. Se habla de países grandes, como España e Italia, que «no pueden caer», pero la historia muestra que el cementerio está lleno de elefantes. 

Los sucesivos planes de ajuste draconianos que se están imponiendo en los países con problemas financieros están minando el contrato de la sociedad con el Estado benefactor. 

Está claro que hay países que no estaban preparados para unirse a la eurozona. Renunciar a la potestad soberana de acuñar su propia moneda ha generado costos que tal vez superen los beneficios esperados al abrazar la moneda común europea. 

El euro y la banca europea, con sus balances llenos de títulos soberanos de países con problemas de liquidez y/o solvencia, estarán en la mira de los mercados por mucho tiempo.

Del otro lado del Atlántico, vemos que el modelo consumista norteamericano continúa en crisis y las discusiones sobre el techo de la deuda en el Congreso de EE.UU. han hundido la confianza del consumidor a sus niveles mínimos en décadas. 

Las sucesivas medidas implementadas por la Fed y el Tesoro norteamericano para reactivar la economía y devolver la confianza al consumidor a base de una masiva inyección de liquidez, baja de tasa de interés, aumento del déficit fiscal y de endeudamiento público por sobre el 100% del PBI sólo han mostrado magros resultados, muy alejados del impulso esperado para una economía que todavía muestra una tasa de desempleo superior al 9%. 

Es así que estamos presenciando no sólo el agrietamiento del Estado benefactor europeo sino también el ocaso del modelo consumista estadounidense, basado en el endeudamiento.

Los líderes políticos europeos y norteamericanos han dejado la impresión de no estar a la altura de las circunstancias y de carecer de una adecuada capacidad de gestión para solucionar los problemas actuales y crear nuevos modelos que reanimen sus economías.

Los problemas de liderazgo, sumados a la magnitud de la crisis, prenuncian que vamos a convivir varios años con un escenario de inestabilidad e incertidumbre.


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