El dólar y los subsidios, el caso egipcio

 

El capítulo egipcio de la primavera árabe dio a luz una frágil democracia que enfrenta grandes desafíos frente a la falta de consenso político interno y a la escasez de confianza en su economía. Una profunda incertidumbre ha llevado a un continuo drenaje de las reservas internacionales que han disminuido casi dos tercios durante los últimos dos años, forzando una devaluación del 15% de la libra egipcia. Esto ha obligado al país a entablar largas negociaciones con el FMI para obtener un paquete de ayuda financiera que oxigene la economía local.

Más allá de las consideraciones políticas y económicas, Egipto enfrenta el gran desafío de alimentar su creciente población. Con el desierto cubriendo el 95% de su territorio, los 85 millones de egipcios se concentran sobre la estrecha franja verde que dibuja el Nilo en su recorrido al Mediterráneo. La necesidad de albergar una joven y creciente población donde el 50% tiene menos de 30 años genera una enorme presión sobre las escasas tierras fértiles que sufren las consecuencias de una urbanización desorganizada producto de la expansión de complejos habitacionales, industrialización, contaminación y desertificación. 

Los egipcios registran el consumo per cápita de trigo más alto del mundo. Esto los lleva a ser el principal importador global ya que su producción local, a pesar de ser creciente, apenas cubre el 50% de los casi 19 millones de toneladas que necesitan anualmente.

Bajo el sistema actual de subsidios, cada egipcio puede comprar tres panes típicos "aish" por día a razón de 5 piastras por pan -menos de un centavo de dólar-. Aquellos que no quieren hacer largas colas para obtener el pan subsidiado o prefieren un pan de mayor calidad pagan hasta diez veces más en el mercado no oficial. 

El sistema de subsidios a los alimentos y a los combustibles fue introducido a mediados del siglo pasado por el presidente Nasser y fue expandido por sus sucesores, que lo llevaron a ser una parte intocable del tejido político-social del país así como su talón de Aquiles ya que su mantenimiento se ha tornado demasiado oneroso para las arcas oficiales. 


El litro de gasoil en el mercado local vale 90 piastras -menos de 15 centavos de dólar-, pero las autoridades importan el 70% de este combustible a precios internacionales. Así pues, los subsidios representan un 28% del gasto público y son parte central del creciente déficit fiscal que ya supera el 10% del PBI.

En general, existe cierto consenso en la clase dirigente para cambiar el actual sistema ya que no sólo es financieramente insostenible, sino también fuente de ineficiencias y corrupción. No hay una base de datos confiable sobre qué familias tienen verdadera necesidad del subsidio y por lo tanto no hay control de cuánto de éste llega a buen destino. 

Al mismo tiempo hay un gran entendimiento para que el cambio no termine empobreciendo aún más a las franjas más vulnerables de la población y genere una reacción social que desgarre el delicado tejido social egipcio ya que más del 40% de la población vive por debajo de la línea de pobreza. Todos tienen presente que el país tiene una historia de graves disturbios sociales cuando se intentó aumentar el precio del pan. 

La escasez de divisas ha llevado a las autoridades a reducir los stocks estratégicos de granos de seis meses a sólo tres, a la espera de una cosecha récord que les permita reducir las importaciones en un 10%. De una manera directa, las autoridades egipcias están enviando un mensaje a los grandes traders: no sólo van a reducir las compras, sino también las dilatarán la mayor cantidad de tiempo posible para descomprimir la demanda global y crear una tendencia a la baja en el mercado triguero. En la misma dirección, el Gobierno egipcio anunció que sólo comprará a aquellos que además de buen precio ofrezcan financiación a plazos extendidos.

Sin embargo, un mercado de granos que se maneja prácticamente de contado, sumado a las luces amarillas sobre la capacidad de pago del país, hace que los traders no estén muy interesados en ofrecer financiación. 

Egipto representa más del 6% de las importaciones globales de trigo, pero su desesperada jugada para bajar los precios de importación tiene un final abierto. De esta manera, el apoyo de países amigos para llegar a un acuerdo equilibrado de ayuda económica con el FMI es clave para la estabilidad social del país y evitar que el sueño de la primavera democrática se transforme en una pesadilla.

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