"China sobrevivirá a la burbuja especulativa"

 

El CEO del grupo Los Grobo analizó la situación de la economía china y las oportunidades y amenazas de los acuerdos con ese país.

Horacio Busanello es el CEO de Los Grobo, una de las empresas agropecuarias más poderosas del país. Antes, fue ejecutivo de importantes multinacionales del sector. Y en esa actividad descubrió tempranamente y de mano propia, el mundo China y su notable proceso de crecimiento. "Entre los que estamos en el mundo de los agronegocios el interés en China surgió hace más de 25 años, primero porque la sufrimos como competidora y luego como cliente", recordó. Tras varios años de reunir información decidió plasmarla en un libro que presentó la semana pasada en Buenos Aires. "China, el gran desafío; ¿conquistador o socio estratégico?", y que es el resultado de su mirada sobre un país que protagonizó "la mayor transformación social y económica de la historia".

Conocedor de la idiosincracia china, de su forma de hacer negocios y de su economía, Busanello habló de las amenazas y oportunidades que se abren a partir de los acuerdos firmados recientemente, de la devaluación del yuan y las caídas bursátiles, y del futuro de gigante asiático en el mercado internacional. Y advirtió: "Los chinos conocen mucho más de nosotros que nosotros de ellos, y si no los entendemos un poquito más, estamos complicados".

¿Qué es lo fundamental que hay que entender en este proceso de reestructuración económica china?

—En 1988 el presidente Deng Xiaoping lanzó su plan cuando China era el 3 por ciento de la economía mundial. Hay que tener en cuenta que en el 1800 ese país representaba de la actividad global. Recuperó ese lugar, y uno de los hechos más perturbadores para Occidente es que la mayor transformación social y económica de la historia la hizo el Partido Comunista, con 86 millones de afiliados. El PC y China son uno en la economía. Es un rasgo distintivo en ese país poder ser marxista leninista y manejar una Ferrari. Shanghai no es para ellos una contradicción. Lo que destacan, frente a las críticas, es que sacaron a 600 millones de personas de la pobreza. Pero a pesar de su crecimiento meteórico en los últimos años, el PBI per cápita de China sigue siendo más bajo que Perú. El nuevo gobierno quiere llegar a 12 mil dólares per cápita por año, y esa meta es fuente de nuevas transformaciones.

¿Cuáles son?

—China se metió en una interesante trampa estratégica para salir de su muralla. Hace una década que está llevando 10 millones de personas por año del sector rural al urbano. Para tener una idea, el año pasado construyó 5 millones de habitaciones. Este año serán 7 millones. Esto implica una tranformación que sólo lo puede hacer si crece al 5 por ciento. Para este año, China anunció un crecimiento de 7 por ciento, luego de crecer por años al 10 por ciento. Las dudas que hoy aparecen obedecen a si estas cifras son ciertas o se dibujan. Si China crece a menos de 5 por ciento, los precios de los commodities de hoy son altos respecto de los valores que se van a ver en el mercado mundial.

Las medidas que tomaron recientemente, ¿corrigen esta situación?

—La devaluación china es una medida correcta. Fue mínima. India devaluó 50 por ciento, Brasil devaluó 30 por ciento China, que tiene su moneda atada al dólar, sólo devaluó sólo 3 por ciento y se armó un despelote. El FMI le perdía que devalúe. Pero no lo supieron comunicar. Es parte del aprendizaje que están haciendo.

¿Y la caída de las Bolsas?

—La burbuja fue culpa en parte del gobierno. Permitieron que se endeude contra el valor de las acciones. Los chinos son muy timberos en la Bolsa. China tiene una tasa de ahorro de 50 por ciento. Ahorran de manera salvaje. Depositan la plata en un banco estatal que paga una tasa miserable y luego se la prestan a empresas estatales a tasas más altas. Además hay un mercado marginal. Se prestan entre ellos. El shadow market. Eso generó tensiones que se expresaron en los derrumbes bursátiles. Pero China sobrevivirá a la burbuja. El Estado chino no está endeudado. Tienen 4 billones de dólares de reservas, que equivalen al 40 por ciento del PBI.

¿Por qué causó entonces tanto temor en el mercado financiero global?

—El temor es que no crezca al 7 por ciento, como está diciendo. El mercado automotor no está creciendo, el cemento está estancado, las exportaciones cayeron. Si China no crece al 7 por ciento, todas las expectativas del mundo que se prepara para proveerlo se diluyen. Hay bajas de producción y de mano de obra. Y se puede armar una espiral a la baja.

¿Esto está afectando al negocio sojero?

—En realidad, la importación de soja no deja de crecer. Fueron 60 millones de toneladas el anteaño, 70 millones el año pasado y 77 millones este año. El problema de la soja es la superproducción y la sobreoferta. Con un año de aumento de la demanda china los precios se acomodan. Hay aquí un tema estructural. China tiene el 20 por ciento de la población y el 7 por ciento de la tierra cultivable. Tiene una lucha por los recursos naturales. Cualquier caída en el consumo impacta en los precios de los commodities.

¿Y cómo es el impacto en otros sectores?

—China impacta a todo. Su economía va a ir a una economía capitalista, en forma gradual y ordenada. En 15 años el yuan será global y cambiará totalmente el flujo de capitales, con fuertes impactos sociales. Hay que estar preparados.

En ese marco, ¿cómo ves los acuerdos marco firmados entre Argentina y China?

—Los acuerdos con China son un paso en la dirección correcta. Hay que trabajarlos. Hay una particularidad de los empresarios y políticos de ese país que hay que tener en cuenta. Las negociaciones comienzan una vez que se firmaron los contratos. Es difícil de entender pero es así. Los acuerdos son buenos si definimos qué queremos hacer. China es un país que tiene planes estratégicos a 30 años y todo lo negocia a partir de allí. Lo mejor hubiera sido negociar en conjunto con el Mercosur. Pero China es un experto en negociar uno a uno. Todos los protocolos que se hicieron en Asia, Africa y América latina fueron así.

¿Cuáles son las oportunidades y amenazas de esos acuerdos?

—Hoy Argentina es un proveedor importante de alimentos a China. Ellos a su vez van a seguir comprando empresas aquí. Como contrapartida ofrecen su mercado a las empresas locales. Pero hay que conquistarla. Para eso hay que instalarse allá, generar confianza y empezar a vender. Argentina vende 70 mil millones de dólares. Con China puede vender 140 mil millones. Hay cien millones de chinos de turismo por el mundo. ¿Hay alguien ofreciendo a Argentina como destino?

En la experiencia de la vinculación de los últimos 25 años en los agronegocios, ¿la relación comercial se complejizó o se concentró en unos pocos productos?

—Hoy tenemos déficit. Estamos concentrados en productos primarios, pero no es un problema de China sino nuestro. Por otro lado, China ahora es inversor y financista. En los agronegocios hay condiciones para avanzar en negocios con mayor valor agregado. Hay una tradición en la producción de carne y lácteos. Se puede vender tecnología agropecuaria. Pero para eso nos tienen que dejar exportar. Se puede entrar con la agricultura de precisión, con el manejo agropecuario. La productividad china en soja es un tercio de la de Argentina.

 

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