Más allá de Tinelli y el glifosato

Marcelo Tinelli, que tiene más de 10,3 millones de seguidores en Twitter, disparó allí en la última semana contra el glifosato en una suerte de avanzada que volvió a poner al herbicida en boca de todos. Primero dijo el dato incorrecto de que estaba prohibido en 74 países, cuando en rigor suman cinco lugares que poco tienen que ver con la agricultura como se la conoce: Kuwait, Qatar, Arabia Saudita, Emiratos Árabes, Bahrein. Luego redobló la apuesta hablando de consumo en litros por persona en la Argentina vs. EE.UU., no de superficie productiva.

 

 

Más allá de los errores del conductor televisivo, sus palabras pusieron en escena al glifosato y hasta en paralelo permiten bucear qué mirada sobre los agroquímicos, en general, se van imponiendo en, por ejemplo, naciones de Europa. Visiones que no pasan por lo científico en sí, sino por lo político, pero que representan desafíos para la Argentina exportadora.

 

En 2017, la Unión Europea renovó la licencia del glifosato hasta 2022. Francia, que se opuso, según recuerda Guillermo F. Devereux, de la consultora Somera SA, a través de su presidente Emmanuel Macron prometió prohibirlo a partir de 2022.

 

"Austria lo prohibió este año, pero legalmente el unilateralismo nacional es controvertido porque la prohibición podría violar la legislación de la UE. La Ordenanza de Protección de Plantas de la UE autoriza el uso de glifosato hasta finales de 2022. Los Estados miembros individuales pueden imponer una prohibición de sustancias activas aprobadas solo en casos excepcionales. Ahora el tema es objeto de debate en la Comisión Europea, que ha prometido la posibilidad de prohibiciones nacionales y podría dar lugar a un encadenamiento de decisiones en el continente. En el caso de Bélgica, Italia, República Checa, Dinamarca, Portugal y los Países Bajos solo hay restricciones parciales", apunta Devereux.

 

De cara a 2022, según este experto el escenario para otro período de renovación "se ve sombrío", sobre todo cuando en países como Alemania el gobierno presentó planes para que los agricultores dejen de utilizar en forma progresiva el herbicida glifosato y otros agroquímicos, con el fin de garantizar una superficie mínima libre de fitosanitarios entre el cultivo tratado con el medio que lo rodea.

 

"Es muy fuerte la opinión pública y el embate de las ONG frente al criterio científico, donde la seguridad de esta sustancia ha sido avalada por las autoridades científicas europeas, como la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) y la Agencia Europea de Productos Químicos (ECHA), quienes han apuntado que el peligro cancerígeno del glifosato era improbable", explica. En el bloque europeo se vislumbra, según apunta Devereux, que los estándares más estrictos que corresponden al pedido de los nuevos consumidores "cada vez más verdes", con fuerte presión mediática y de ONG, "van a estar antes en estándares privados de supermercados que en las restricciones sanitarias de los países".

 

Horacio Busanello, de gira por Europa, se reunió con empresas de insumos e inversores y, entre otros temas, tomó el pulso de lo que está pasando en ese bloque con relación a estos temas, algo que también se ve en otros mercados. "Hay un cuestionamiento muy fuerte en Europa hacia el uso de químicos sintéticos en la producción de alimentos donde se cuestiona la seguridad y sustentabilidad de la agricultura a largo plazo. El uso de este tipo de productos se asocia, con o sin base científica, a la producción de alimentos no saludables. Para la percepción de una creciente parte de los consumidores globales no importa si está probado científicamente, un caso similar a la oposición al uso de biotecnología", dice. "Los entes reguladores europeos parecen orientados hacia una agricultura sin químicos, donde no hay incentivos para renovar los registros de los productos químicos que van venciendo", agrega Busanello.

 

En medio de los cuestionamientos, allí se abren paso productos biológicos dentro de la canasta de insumos de los productores, formados por componentes naturales como microorganismos (bacterias, hongos, virus, protozoos), extractos de plantas, sustancias orgánicas, etcétera.

 

¿Cuánto representan ya estos productos en el mercado? Se estima a nivel global en U$S6500 millones este año, con una tasa de dos dígitos de crecimiento anual. Una cifra nada despreciable aunque todo el mercado de fitosanitarios supera los US$55.000 millones. "El panorama europeo no refleja la realidad del continente americano, con EE.UU., Brasil y la Argentina, donde la agricultura extensiva no es viable sin el uso del actual paquete tecnológico de semillas, biotecnología y fitosanitarios", reflexiona Busanello.

 

Con el sustento político más que el científico primando en Europa, algunos temen que el glifosato se haya convertido en la punta de un iceberg: que vengan restricciones a otras tecnologías.

 

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