Acuerdo EE.UU.-China: un gesto al que le falta mucho rodaje

La firma del acuerdo comercial entre China y Estados Unidos tiene un punto central para la evolución de los agronegocios: el gigante asiático se comprometió a duplicar las compras de productos agrícolas a los “farmers” de Donald Trump. Importará granos y carnes, entre otros productos, por 50.000 millones de dólares, el doble que durante el último año.

 

Con todo, el análisis detallado despierta esceptisimo entre los especialistas argentinos consultados por Clarín Rural. “Han firmado una frágil tregua que es solamente un compromiso limitado entre las dos partes”, consideró Horacio Busanello, un consultor con amplia experiencia en negocios agrícolas globales y autor del libro “China, el gran desafío”, que sintetizó la relación en una frase filo borgeana: “Se necesitan pero se odian”.

 

En el mismo sentido escéptico, desde la Fundación INAI destacan qiue “no se advierten nuevas reducciones de los derechos adicionales aplicados. Por lo tanto, se mantiene un escenario de aranceles altos”.

 

“La vasta mayoría de las tarifas impuestas sobre billones de dólares de importaciones - según Busanello- se mantienen prácticamente inalterables mientras que temas claves como el acceso ilícito a tecnología, ciberseguridad o el uso masivo de subsidios industriales por parte de China no hacen al corazón del acuerdo”. Y agregó: “No hay muchas precisiones sobre productos y volúmenes en el acuerdo de 86 páginas firmado por ambos países pero con seguridad carnes y granos estarán al tope de las compras chinas. Sin embargo, el objetivo americano no es solo profundizar este tipo de compras sino también expandirlas hacia toda la oferta de alimentos americana. Esto es clave para Trump en un año de elecciones cuando los principales estados agropecuarios se volcaron a su favor en las presidenciales anteriores”.

 

El consultor de mercados Pablo Adreani aportó que *a pesar del interes de EE.UU. de consolidar las exportaciones de alimentos a China, se trata de materias primas agrícolas con poco nivel de procesamiento (poroto de soja), y algunas con cierto valor agregado como en el caso de carnes, burlanda de maiz y alimentos procesados”.

 

La firma de este acuerdo es bienvenida por todos luego de dos desgastantes años de conflictos. ”Aunque creen que “no resuelve la disputa entre ambos países y constituye un nuevo golpe para el sistema multilateral de comercio, desde INAI entienden que “es una buena señal para los mercados, al finalizar la escalada proteccionista y brindar un marco a las futuras negociaciones; reduce la incertidumbre”.

 

Sin embargo, Busanello puntualiza que “no hay mucha claridad sobre cuando estas superpotencias se embarcaran en una fase más sólida y comprometida del acuerdo ya que los americanos quieren testear el cumplimiento de esta primera fase por par

 

te de los chinos y además no quieren hacer olas en un año de elecciones presidenciales”. E interpreta que “la firma de esta “fase uno” no deja de lado el creciente aumento del antagonismo entre Beijing y Washington en momentos en que la segunda potencia económica del mundo quiere expandir su influencia más allá de la economía y el comercio”.

 

Adreani también consignó que “China confirma la importancia de los Estados Unidos como proveedor de productos agropecuarios, aunque no todo es soja en esta relación, y en menor medida alimentos procesados. Y concluyó que “el objetivo de este acercamiento es “lograr el abastecimiento mutuo de alimentos y a su vez complementarios”.

 

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