El equilibrio entre salud y economía y la demanda en el horizonte

En medio del crujido mundial por el coronavirus, en la última semana se experimentó en nuestro país un suave giro hacia un mayor equilibrio entre salud y economía. Todavía sigue primando el objetivo de salvar todas las vidas que se pueda, pero las crecientes dificultades en casi todas las actividades comerciales, en especial las ligadas a los servicios, llevó a que ayer se anunciara una flexibilización en algunos sectores y regiones, particularmente en el interior del país, donde se desarrollan las actividades rurales.

La movida, sutil pero insoslayable, implica riesgos, por supuesto. Pero la instrumentación de protocolos sanitarios permite afrontar la situación con confianza. En ese sentido, desde la producción, el transporte y las industrias asociadas al campo se evidencia una gran responsabilidad.

 

Con todo, la cuestión geográfica no es la única que involucra a las medidas de “cuarentena administrada” con el sector agropecuario porque, aunque esté exceptuado del aislamiento, la magnitud de la crisis económica es tal como para que nadie pueda considerarse a salvo de la onda expansiva. Por más que se siga produciendo, si no hay “dinero en la calle”, la oferta no va a encontrar su demanda, en los niveles deseados ni mucho menos.

 

En ese sentido, coinciden las circunstancias nacionales con las globales, debido a la importancia del sector agroalimentario tanto en la dinámica de la economía argentina como en el posicionamiento internacional de nuestro país.

 

El aspecto más inquietante es que cuando falta plata se echa mano donde hay: el “aporte obligatorio en el municipio de Castelli y la amenaza de más impuestos son un alerta.

 

Asimismo, como la mejora de ingresos per cápita en muchos países -con China como caso emblemático- impulsó a la agroindustria argentina en las últimas dos décadas, una baja del poder adquisitivo afectará a los proveedores de comida. Aunque, como la gente seguirá alimentándose, el impacto es relativo.

 

“El sector agrícola argentino sería afectado, por supuesto, pero sería uno de los menos perjudicados,

 

con una caída del 3% este año, un nivel muy inferior a otros sectores como los servicios, que llegan hasta el 70%”, pronostica con cautela Agustín Tejeda Rodriguez, economista jefe de la Bolsa de Cereales de Buenos Aires.

 

Hay dos motivos por los cuales el sector agrícola sentiría menos el impacto, explicó Tejeda Rodriguez. Por el lado de la demanda, debido a que se trata de bienes de consumo esencial, que varía menos ante caídas de los ingresos. Del lado de la oferta, al ser considerada una actividad exceptuada del aislamiento, su merma de actividad es menor a la de otros sectores.

 

De todos modos, los cambios en los patrones de consumo (más adentro del hogar y de elaboración casera), reducirá los niveles de transformación industrial y de valor agregado. “En algunas sociedades se está viendo también alteraciones en las dietas, con un retroceso en el consumo de carnes y un aumento en cereales, especialmente de trigo y arroz”, destacó el economista.

 

La logística y la cadena de suministró también se alterará. “El movimiento de personas y de mercaderías de un continente a otro ya no será algo normal y cotidiano como hasta ahora. Y probablemente haya mayores aranceles y exigencias sanitarias”, estimó Horacio Busanello, consultor de amplia expeiriencia en compañías globales.

 

Y en el camino de la mayor digitalización de la economía y la adopción de nuevas tecnologías, vislumbra que “aquellas empresas que presenten la mejor combinación de producto, marca, logística e imagen institucional, adaptados a estos futuros hábitos de consumo, serán las ganadoras de un nuevo escenario de demanda que está en plena construcción”.

 

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