Granos en alza, pero con muchas incertidumbres

 

Los precios de los commodities no dejan de subir y asombrar a los mercados. Varios analistas mencionan que ya no estamos frente a un ciclo normal sino que presenciamos un superciclo de commodities donde la firme demanda de los mismos ha elevado sus precios aun antes de la recuperación de las economías centrales. En este contexto, las autoridades monetarias americanas y europeas no solo han contribuido a este superciclo con políticas heterodoxas que fomentan el crecimiento a tasas ultrabajas sino que se muestran tolerantes a las presiones inflacionarias que éstas generan, principalmente en los alimentos.

Es así que la actual intersección de las curvas de demanda y oferta resulta en un elevado nivel de precios de los commodities agrícolas que está generando una presión inflacionaria denominada agflation (agricultureinflation).

Las tensiones en los precios de los alimentos y sus consecuencias político-sociales ya están presentes en las páginas de los diarios del mundo. Hace unos días la FAO advirtió sobre otro shock de precios similar al «tsunami silencioso» anunciado en 2008 por el World FoodProgramme.

Las preocupaciones por el impacto social del agflation han han llevado a muchos países a tomar diferentes medidas en el mercado de alimentos, siendo algunas de ellas muy controvertidas. El menú incluye controles de precios, reducción de derechos de importación, subsidios, prohibición o restricción de exportaciones y recomposición de las reservas de granos.

Cabe mencionar que el fin de la guerra fría y los precios bajos de las décadas pasadas hicieron que muchos países redujeran las reservas estratégicas de granos que mantenían por motivos geopolíticos. 

Dentro de este cuadro global, no podemos descartar una escalada intervencionista por parte de gobiernos asediados por la inflación de alimentos ni la aparición de nuevos hechos políticos de magnitud que trastoquen las expectativas del mercado.

Así pues, 2011 promete un mercado de granos altamente volátil no solo por los condicionantes de la oferta
y la demanda sino por la incertidumbre de sus stocks físicos. Si bien las reservas globales lucen razonables no existe una certeza absoluta en cuanto a ellas, ni todas tienen la misma calidad y tampoco todas están disponibles para el comercio mundial. De esta manera, los ojos de los importadores se han posado en los Estados Unidos cuyo mercado, abierto y transparente, ha visto reducir sus stocks a niveles decididamente bajos.

En este contexto, el Crédit Suisse ha indicado que prevé un escenario de precios creciente para los commodities agrícolas, con maíz y soja moviéndose cerca de los niveles récord de 2008 y puntualizando que cualquier shock negativo en la oferta puede llevar a un escenario explosivo con precios alarmantemente altos.

Por el lado de la demanda, el motor sigue girando en torno de las crecientes compras de la locomotora china que bate récords de importaciones todos los meses y de la política de biocombustibles americana que año tras año supera sus niveles de producción.

Sumando nerviosismo, el mercado tomó nota cuando el US Grain Council indicó que las importaciones chinas de maíz pueden llegar a dispararse muy por encima de los valores actuales. En la misma línea, el Rabobank advirtió que, de la mano del desarrollo de su industria cárnica, China puede convertirse en un neto importador de maíz de 25 millones de t para 2015.

Frente a esta situación, solo la perspectiva de una gran cosecha en el Hemisferio Norte puede calmar a los actores del mercado. Sin embargo, los problemas climáticos han demostrado la fragilidad de la oferta de granos frente a una demanda muy sostenida. Así, el actual estrés hídrico que impacta en la producción de trigo en Estados Unidos, China y Medio Oriente comienza a generar preocupación en un mercado que tiene fresco el recuerdo de la sequía en Rusia, las inundaciones en Australia y la escasez de lluvias en nuestras pampas. 

En el corto plazo, también hay que seguir de cerca las proyecciones de las áreas de maíz y de soja americanas ya que el aumento de superficie en una de ellas se hará probablemente a expensas de la otra dada la rigidez relativa del área agrícola. Esto supone una suma cero en hectáreas pero mayor presión para aquel cultivo que vea reducida su área más allá de las expectativas de los operadores.

En resumen, el partido lo juegan las dos principales economías del mundo siendo Estados Unidos el principal proveedor de alimentos y China, su principal comprador. Sin embargo, la situación se está volviendo tan ajustada que no hay margen para el error. Esto aumenta la sensibilidad del mercado no solo a las variaciones de oferta y demanda de otros actores del mercado sino también a las consecuencias de convulsiones políticas internacionales tales como la actual revuelta en Egipto o el enfrentamiento de las dos Coreas en noviembre pasado.

Enfrentamos pues, un mercado de granos con tendencia alcista pero lleno de incertidumbre y sujeto a variables climáticas y políticas cuya concatenación puede desembocar en un escenario de difícil predicción.

 

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