Brasil, robustecido frente a la crisis

La transformación económica y social que está llevando a Brasil a formar parte de las principales economías del mundo, con un PBI superior a dos trillones de dólares, ha sido acompañada y potenciada por toda su cadena agroindustrial.

 

La producción de alimentos commodities con tecnología de avanzada condujo a nuestro vecino país a convertirse en uno de los mayores mercados de maquinaria e implementos agrícolas, fertilizantes, semillas, biotecnología y agroquímicos.

En este último caso, ya ha superado los 8000 millones de dólares para alcanzar el primer lugar en el mundo, relegando a los Estados Unidos al segundo puesto.

Por otra parte, el avance en la cadena de valor agroindustrial ha sido notable. No sólo se convirtió en el primer productor mundial de café, jugo de naranja y azúcar, sino que es uno de los mayores jugadores mundiales de los complejos sojero y maicero, como también del negocio de carnes vacuna, porcina y aviar y de biocombustibles.

 

Así, el mundo de los agronegocios no sólo genera más del 23 por ciento de su PBI, sino que es responsable por más de un tercio de la mano de obra empleada. A su vez, sus exportaciones, que ya superan los 80.000 millones de dólares, son clave a la hora de definir una balanza comercial superavitaria.

Este crecimiento de la economía en su conjunto ha tenido efectos inclusivos importantes, permitiendo una notable mejora en el tejido social brasileño.

Según datos de la Fundación Getulio Vargas, desde 1993 un total de 50 millones de personas -una cifra mayor a la población de España- se sumaron al mercado consumidor.

 

La transformación de la pirámide social tiene como gran protagonista a la clase C, definida como la nueva clase media brasileña, que solamente en los últimos 10 años aumentó en 40 millones de habitantes. Ya en este 2011 la clase C supera los 105 millones de habitantes y concentra más del 45% del consumo del país. Su ascensión social es palpable tanto en las grandes ciudades, como San Pablo y Río de Janeiro, como en los pequeños enclaves agrícolas del norte, como Balsas (Maranhão) y Guaraí (Tocantins).

El presente brasileño es mucho mejor que su pasado, pero hay un gran camino por recorrer para construir más capital social. Según el IBGE (Instituto Brasileño de Geografía y Estadística), el 42,5% de la riqueza está en manos del 10% de la población, mientras que el 10% con la renta más baja apenas recibe el 1,2% de la riqueza generada.

 

Con optimismo

 

En este contexto, los brasileños son optimistas y se sienten confiados de cara al futuro. Saben que las turbulencias de la crisis internacional golpearán su economía que ha recibido grandes flujos de capitales del exterior. No se sienten inmunes, pero piensan que están mejor preparados que en 2008.

Su mercado doméstico se muestra robustecido. Durante los primeros siete meses del año la economía generó 1,4 millones de puestos de trabajo, manteniendo el desempleo en niveles del 6%. Sus reservas superan los 350.000 millones de dólares, las exportaciones agroindustriales se mantienen firmes y el Gobierno ya lanzó un significativo paquete de apoyo a la industria local frente al avance de las importaciones por la apreciación del real.

 

No hay dudas de que, mas allá de los coletazos de la crisis financiera global, todos estaremos pendientes de la evolución y transformación social de la principal economía latinoamericana y socio mayor del Mercosur.

 

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